Aunque continúa siendo una serie elegante que se ve con gusto, la quinta temporada de Mad men ha sido la más irregular de todas. Percibo una notable diferencia de calidad entre las historias y un cierto desgaste en los personajes, que ya no nos impactan con sus vivencias sórdidas del pasado ni con sus luchas presentes. Muy a mi pesar, Mad men está comenzando a deslizarse inexorablemente hacia una repetición de fórmula en la que, como bien dice David Simon, suelen caer todas las series a partir de la cuarta o quinta temporada.
Atención, SPOILERS Aún así, su creador Matthew Weiner nos ha ofrecido momentos asombrosos y un capítulo memorable: The other woman, donde nos ha devuelto el espíritu perturbador que ha hecho de Mad men una de las series más personales de la televisión actual. Se podría decir que en esta temporada han convivido historias sorprendentes con otras de menor fuerza. Excelentes han sido las narraciones de Joan y su ruptura matrimonial; la de Peter Campbell en busca de un sueño erótico con el que paliar su aburrimiento marital, o la Roger Sterling haciendo sus pinitos con el LSD.


